Era una gnoma libre e ingenua parada en la punta del techo, mirando a sus pies algo diferente, gente correr, gente reír y gente jugar, gente ser… ninguna cara extraña, extraño para ella.
Venía de otro techo, bastante diferente, caras sin expresión, máscaras. bocas con candados, cerebros programados, máquinas caminantes al ritmo del compás, nada nuevo para ella.
Un guitarrista encantado se posa junto a ella y la mira intensamente, descifrándola:
-. Y tú, ¿Qué piensas?
-. En lo distinto que es todo esto, ahora, si todo “cambiara” quizás sería una de estas máquinas inhumanas… ¿y tú?
-. Las cosas ya están dichas.
4 de mayo de 2009
Ecos de una rutina compartida

Dando vueltas páginas atrás, ya tantos amaneceres compartidos, tantas horas vagas perdidas en la memoria de mis recuerdos, tantas canciones evaporadas en el aire, el mismo gesto, la misma voz y la misma risa sentada junto a mi, cantándole a la vida, complemento natural, insultando al tiempo, ironizando los segundos que nos gritan, nos vemos sometidas a esta libertad que nace, otra vez en este lugar…. Suena la maldita senda del tiempo, vibrando como si no tuviera nada más que hacer, son las ocho,
Ya tantas veces,
El mismo lugar, impredecible,
Acogedor, en fin…
Es hora de entrar a callar.
Ya tantas veces,
El mismo lugar, impredecible,
Acogedor, en fin…
Es hora de entrar a callar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

